“La vía tiene algo de mágico, mezcla de desafío y curiosidad, que una vez que te atrapa ya nunca te abandona”

viernes, 9 de febrero de 2018

Una Estación para Don Francisco Meeks... - 2da. Parte

ver Una Estación para Francisco Meeks - 1ra. Parte en...

http://lasoledaddespuesdeltren.blogspot.com/2017/03/una-estacion-para-don-francisco-meeks_26.html 


(Fotos Claudio Marcos, salvo mención)

Antonio Zapettini en el cartel con el nombre en cuestión (Foto Alejandro Avila)
En la primera parte de esta nota relatamos los vaivenes que sufrió el pedido de Francisco Meeks para que se designara con su nombre a una estación del Ferrocarril del Sud (de aquí en adelante FCS), que fue de la mano de la increíble persistencia por parte de la Dirección General de Ferrocarriles (de aquí en adelante DGF) de satisfacer esa solicitud cuando, a nuestro juicio, el personaje de esta historia no contaba con los méritos suficientes para obtener ese homenaje.
Es que el nombre de Meeks fue resistido en todos los lugares donde la DGF trató de imponerlo. Así, desfilaron El Perdido y Huanguelén, sin olvidarnos que otras estaciones también fueron “candidateadas” para llevar esa denominación. En el último de los lugares mencionados, se dio la situación tan absurda del propio Meeks pidiendo a un grupo de vecinos que presentaran una solicitud para imponer su nombre a la estación del FCS. El plan de Meeks no prosperó porque los propios firmantes de la petición cambiaron de parecer y la DGF no tuvo más remedio que desestimar la solicitud.


Km 39,400 (línea Azul-Chillar)

Como habíamos visto, la ex estación Km. 99, entre Bavio y Vieytes, del ramal a Las Pipinas, llevaba el nombre de “Francisco J. Meeks” desde el 6 de diciembre de 1928. Sin embargo, no sería ésta la denominación definitiva de la estación, y el nombre de Meeks sería trasladado una vez más.
Ignoramos los motivos que llevaron a la DGF a adoptar esta decisión. Si hubo nuevas resistencias a esta designación por parte de los vecinos de aquel lugar, tampoco lo sabemos, ya que no encontramos ningún expediente que lo acredite. Lo cierto es que la DGF dirigió su atención al ramal Azul-Chillar, que estaba en plena construcción, y evaluó la posibilidad de asignar el nombre de Meeks a alguna de las estaciones de la nueva línea.
La elección recayó en la estación del Km. 39,400, a pesar que un memorándum interno de la DGF había indicado que el nombre “Los Huesos” aparecía asociado al lugar, denominando a un arroyo que pasaba a 6 km al SE de la estación y también a un almacén muy antiguo que se encontraba a 6,5 km.(1)
Una resolución del MOP del 4 de octubre de 1929 confirmó el nombre sugerido por la DGF y  dejó sin efecto la misma denominación que se le había dado a la estación del Km. 99.
La estación del Km. 39,400 fue la única que al momento de la inauguración de la vía Chillar, ocurrida el 16 de junio de 1930, ya llevaba su nombre definitivo.


Meeks, un apellido que suena a inglés


Dr. Bartolomé J. Ronco
(Web Diario El tiempo)
La imposición del nombre de “Francisco J. Meeks” a la estación del Km. 39,400 generó protestas entre los vecinos de la zona y de las ciudades de Azul y Tandil.
El 20 de enero de 1930, el periódico El Ciudadano, de Azul, publicó una carta abierta del Dr. Bartolomé J. Ronco, destacado vecino de la ciudad, donde manifestaba su disconformidad con la designación. Bajo el título “La Epopeya de Martín Fierro”, Ronco recordaba que la nueva estación se emplazaba en campos de propiedad de la señora Leontina Brital de Giménez, a poco más de 6 leguas de Azul, donde todo lo que la rodeaba era, a su juicio, “genuinamente argentino: la llanura, las colinas inmediatas, los cursos de agua con nombres criollos, los pastos, la fauna y hasta el sol”.(2) 
Un apellido inglés como el de Meeks, reflexionaba, era “totalmente extraño a la zona […] totalmente exótico en la campiña azuleña”. En una tierra “de tantos heroísmos y hazañas que tienen nombres y apellidos criollos”, Ronco consideraba que “un apellido que suena a inglés” no era la designación adecuada “para una estación ferroviaria que busca bautismo”.(3)
Además de ser inapropiado, el nombre Meeks le era desconocido. Ronco creía además como muy probable que los habitantes de Azul tampoco lo conocieran, ni que hechos meritorios había realizado en su vida “como para merecer la repetición de homenajes que se le tributa”.(4)
La única referencia que tenía del personaje ‒a quien, por otra parte, ya creía fallecido(5) era la calle de Lomas de Zamora que llevaba su nombre, cuyos letreros recordaba “cuando muy chico”, así como la casa quinta de Meeks, “muy linda, muy grande, con varias manzanas de terreno adyacentes”. Desde entonces, ironizaba Ronco, habían pasado muchos inviernos y había leído muchos libros, sin que ni unos ni otros le hubiesen dicho otra cosa de Meeks, aunque eso no fuera enteramente cierto, ya que aporta el dato concreto de que aquel había dividido esas manzanas en lotes “en provecho de la colectividad y, quizás, propio”(6).
Al apellido que suena a inglés, Ronco contraponía el de Martín Fierro, nombre con el que él hubiese denominado a la estación, “si de mí hubiese dependido”, porque el poema de José Hernández

evoca la epopeya civil de la vida de nuestros campos, está hecha de alma genuinamente argentina y dice más y mejor a las colinas, a la llanura, a los arroyos, a los pastos, a las aves y al sol que circundan la nueva estación que lo que pueda decir el señor Meeck [sic] y las gruesas talegas de dinero que constituyeron su herencia.(7)


Para Ronco, además, investigaciones recientes habían concluido que José Hernández había situado al protagonista de su obra en el Azul y las escenas que cantaba el gaucho se referían a la frontera del arroyo Azul. Por ello, afirmaba Ronco, existía una “circunstancia local” que obligaba a recordar el poema de José Hernández en el partido de Azul.
Ronco concluía su carta exhortando a sus compañeros de la Biblioteca Popular de Azul a secundar su idea de pedir a las autoridades nacionales

que guarden el nombre de Meeck [sic] para mejor oportunidad y obliguen a la empresa a colocar en su reemplazo el de “Martín Fierro”, en un letrero bien plantado, sobre lo más alto del andén, de cara hacia nuestra ciudad, como si “mirara sus últimas poblaciones”.(8)

La carta abierta de Ronco movilizó a un grupo de vecinos que, dirigidos por él mismo, solicitaron al Ministro de Obras Públicas (de aquí en adelante MOP) llamar Martín Fierro a la nueva estación. La iniciativa no tuvo éxito, pero seguramente contribuyó para que otra estación del ramal a Chillar, la situada en el km 366 desde Plaza Constitución, fuese denominada así, por decreto de fecha 21 de noviembre de 1930.


“Los Huesos”, un viejo nombre que debe conservarse


Fragmento de Carta Geográfica del IGM
Además de los vecinos de la ciudad de Azul, un grupo de propietarios rurales de los partidos de Azul y Tandil también manifestaron su descontento con el nombre dado a la estación y gestionaron ante el MOP su cambio por el de “Los Huesos”. El pedido no fue atendido por las autoridades, pero un año más tarde volvieron a elevar un petitorio, insistiendo que correspondía denominar así a la estación por encontrarse ubicada en la región que se conocía por “Los Huesos” desde que se habían establecido allí los primeros pobladores, “cuando la civilización realizó la obra de alejar al indio y comenzó la patriótica tarea de convertir en emporio de riqueza lo que hasta entonces era el desierto […](9).   
El nombre de “Los Huesos” era, pues, tradicional y precisamente por “un culto de respeto” a esa tradición los solicitantes pedían se conserve “su viejo e inconfundible nombre en el de la estación de ferrocarril que se ha levantado en ese lugar”(10).
La Inspección General de Explotación Comercial de la DGF opinó que no debía accederse al pedido de los vecinos.

Sin pretender, esta Inspección General, defender el nombre de Francisco J. Meeks, se permite llamar la atención sobre la situación que se crearía con un nuevo cambio de denominación, máxime si se tiene en cuenta que la resolución dictada en tal sentido podría ocasionar una nueva petición de los vecinos de la estación a la cual se le asignara el nombre en cuestión; y si los méritos del causante fueron motivo para que su nombre figurara en la nomenclatura de estaciones, el homenaje así rendido dejaría de ser tal en virtud de no dársele una ubicación definitiva.(11)

Sin embargo, el pedido no fue rechazado hasta que la Inspección General de Construcciones de la DGF informó que no quedaba en la red del FCS estación sin denominar, a la que se le hubiera podido “trasladar” una vez más el nombre de Meeks. La última estación que se encontraba en esa situación era la ubicada en el km 20,653 del ramal de Francisco Meeks a Tandil, la que había sido designada como La Pastora por decreto del 3 de julio de 1931.


Nuevo petitorio, nuevo rechazo de la DGF


Arroyo de los huesos hoy...
solo un emprendimiento rural
Unos años más tarde, el 14 de junio de 1935, vecinos de la zona elevaron una nueva solicitud al MOP para cambiar el nombre de la estación Francisco J. Meeks por el de “Arroyo Los Huesos”. Los solicitantes reconocían las “actividades intensas, patrióticas y dignas de encomio” que había desarrollado Meeks, pero las situaban en las zonas de Chascomús, Lomas de Zamora, sur de Córdoba y Curu-malán y nunca en la zona servida por el ramal Tandil-Azul, donde se emplazaba la estación de referencia.
Esa zona, como ya se había destacado en anteriores petitorios, siempre había sido conocida como del Arroyo Los Huesos. Atrás en el tiempo, el nombre había inmortalizado una victoria del Gobernador Martín Rodríguez sobre los indígenas (1822), la que, junto con otros triunfos, le permitió llegar a las sierras del Tandil y fundar el Fuerte Independencia [germen de la actual ciudad de Tandil], incorporando “a la civilización” los campos situados entre aquel y Azul. 

Es, pues, el combate del ARROYO DE LOS HUESOS, un hecho histórico de gran significación en el desarrollo de la zona central de la provincia de Buenos Aires, y olvidar su nombre, es obrar injustamente hacia los hombres que como el General Martín Rodríguez, con su pensamiento y su acción, dieron seguridad a los primeros pobladores. Y sería también olvidar la acción de los soldados que constituyeron la vieja frontera del Sur, la que durante tantos años marcó justamente el límite de esos campos que hoy cruza el F. C. del Sur.(12)

Desde entonces, los primeros pobladores de la zona se establecieron sobre el Arroyo Los Huesos, levantándose una serie de estancias sobre sus márgenes, “tanto del lado de Azul, como de Tandil, pues el Arroyo marca el límite de ambos partidos, de lo que fluye otra de las razones para que este nombre histórico y pintoresco no se pierda”(13).
Al igual que otros ríos regionales, proseguían los solicitantes, el Arroyo Los Huesos imprime de características propias a las tierras que componen el valle que recorren sus aguas, dotándolas de una capacidad de producción que no tienen otros campos cercanos pero no ubicados en las mismas llanuras.

Los campos de la zona del ARROYO DE LOS HUESOS, tienen ‒a justo título‒ un prestigio especial, como en otro orden de cosas, los campos del Moro, los de los Montes Grandes, del Tuyú, también lo tienen. En otras palabras, la designación del Arroyo que les da nombre, implica un reconocimiento ya tradicional y que no debe perderse.(14)
    
Una vivienda ferroviaria,
uno de los pocos vestigios
de la Estación Arroyo de los Huesos
Por todas las razones expuestas, los firmantes del petitorio consideraban como “un acto de verdadera justicia” la aplicación con ese nombre a la estación denominada hasta entonces como Francisco J. Meeks, “y que a su vez fuera éste trasladado a una estación de las zonas en que tuvo tan destacada actuación”(15)
La DGF volvió a rechazar el pedido de los vecinos, sosteniendo que no mediaban “motivos realmente valederos” para dar curso al cambio de nombre solicitado y que debían evitarse “los múltiples inconvenientes que trae aparejado su continuo traslado”.
El organismo recordó que la actual estación Francisco J. Meeks era la tercera de la red del FCS que llevaba ese nombre. En consecuencia, “resulta que en tres resoluciones ministeriales se ha considerado digno de ser recordado por este conducto, el referido nombre”.(16) Además, proseguía la DGF, parecía que los propios firmantes del petitorio lo reconocían, al destacar diversas actividades del homenajeado, que calificaban de “intensas, patrióticas y dignas de encomio”.
Ahora bien, el hecho aducido por aquellos de que Meeks no hubiera desarrollado sus actividades en la zona en la que se emplaza la estación no tenía mayor valor para solicitar el cambio de nombre, “desde que no siempre ha sido posible recordar a los personajes merecedores de esta consagración en el mismo lugar de sus mayores actividades o en el de su nacimiento”.(17)
Por otra parte, la DGF sostuvo que el espíritu que traducía la Ley general de Ferrocarriles 2873 respecto del cambio de nombres de las estaciones ferroviarias, era que sólo se lleven a cabo cuando aquellos ofrezcan confusiones, lo que no ocurría en el caso de “Francisco J. Meeks”.


Cambio de década, cambio de nombre

Hacia mediados de la década del 40, el anhelo de muchos vecinos de la zona de Los Huesos finalmente se hizo realidad: por un decreto del 22 de julio de 1944 se designó como “Arroyo de los Huesos” a la estación Francisco J. Meeks.(18)


Epílogo

La estación llevaría el nombre de “Arroyo de los Huesos” hasta su clausura, ocurrida en 1961, en que desaparecería de la nomenclatura de la estaciones. Los carteles aún lucirían el nombre por algún tiempo más, en silencio, guardianes de la identidad de la estación y del paraje, hasta un fatídico día en que despertarían al retumbar del tren de levante, que se los llevaría con las vías y el edificio de la estación.
Hoy, parados en el borde del que fuera el andén de Arroyo de los Huesos, miramos a nuestro alrededor y contemplamos con tristeza los pocos rastros ferroviarios que quedaron en el lugar: el sanitario de la estación, que se adivina entre la espesura de la arboleda, más allá, las viviendas para los empleados ferroviarios son hoy puestos de un campo, rodeados de maquinaria e implementos agrícolas, la vegetación que invade lo que fue zona de vía... Si al menos se conservara un cartel, como en Pablo Acosta, o en Martín Fierro…
En vano trato de imaginar lo que fue este lugar hace más de 50 años, cuando pasaba el tren, el mixto a Tandil de los sábados, o el carga que seguía a Tres Arroyos por Chillar, Barra y Empalme Barrow, que pasaba tres veces por semana. En mi imaginación sólo aparece ese otro tren, el último, que vino a llevarse todo, con su locomotora, una carguera 11B de 1914 Beyer Peacock, llegando con su corta fila de vagones a la estación desolada, descargando el contingente humano que se encargaría de derribar la estación y arrancar la vía.

El viejo andén...
La escena es muy vívida, como si hubiese estado allí en ese momento, en otro tiempo, hasta que veo a Marcelo caminando lentamente hacia la punta del andén. Me hace una señal: es el momento de irnos, de darle la espalda al Arroyo de los Huesos y regresar a Azul.






ESTACIÓN ARROYO DE LOS HUESOS

DATOS GENERALES  (19)
Cota de Riel
178,97 metros sobre el nivel del mar
Galpones
Cargas generales
128 m²  (propios de la empresa)
Cereales
1.088 m²  (propios de la empresa)
Cantidad de Bretes
1
Corrales
1.196 m²
Estanques
80 m³
Cantidad de Bebederos
1
Longitud de Vías
Segunda
941 metros
Auxiliares
1.922 metros
Número de Rampas
de Costado
1
De Punta
1















Viviendas del que fuera personal ferroviario
Vivienda auxiliar
Vista de lo que fue la Estación Arroyo de los Huesos

Vivienda
Vivienda
Arroyo de los Huesos (ex Francisco J. Meeks


Agradecimiento:

A Claudio Marcos por su invalorable aporte fotográfico!!!


Referencias

(1) Memorándum. Nombre de estaciones de la línea Azul-Chillar –F.C.Sud. s/f. Dirección General de Ferrocarriles. Archivo del Ministerio de Obras Públicas. CEHF.

(2) El Ciudadano. Azul, 20 de enero de 1930. Hemeroteca Juan Miguel Oyhanarte. Biblioteca Popular Bartolomé J. Ronco. Azul, Buenos Aires.

(3) El Ciudadano. Azul, 20 de enero de 1930…

(4) El Ciudadano. Azul, 20 de enero de 1930…

(5) “No hay en mis palabras, sin embargo, ningún agravio para la respetable memoria del señor Meeck [sic], y digo respetable porque siempre es digna de respeto la memoria de aquellos que se fueron […]”. El Ciudadano. Azul, 20 de enero de 1930… Meeks falleció en 1946.

(6) El Ciudadano. Azul, 20 de enero de 1930…

(7) El Ciudadano. Azul, 20 de enero de 1930…

(8) El Ciudadano. Azul, 20 de enero de 1930…

(9) Carta al Ministro de Obras Públicas de la Nación. Azul, 20 de febrero de 1931. Archivo del Ministerio de Obras Públicas de la Nación. CEHF. Firmaban el petitorio 32 pobladores de la región de “Los Huesos”.

(10) Carta al Ministro de Obras Públicas de la Nación. Azul… CEHF.

(11) Inspección General de Explotación Comercial. Dirección General de Ferrocarriles. MOP. 10 de marzo de 1931. Archivo del Ministerio de Obras Públicas de la Nación. CEHF.

(12) Carta al Ministro de Obras Públicas de la Nación, Capitán de Navío Eleazar Videla. Buenos Aires, 14 de junio de 1935. Archivo del Ministerio de Obras Públicas de la Nación. CEHF. El destacado, en el original.

(13) Carta al Ministro de Obras Públicas de la Nación, Capitán de Navío Eleazar Videla… CEHF.

(14) Carta al Ministro de Obras Públicas de la Nación, Capitán de Navío Eleazar Videla… CEHF. El destacado, en el original.

(15) Carta al Ministro de Obras Públicas de la Nación, Capitán de Navío Eleazar Videla… CEHF.

(16) Inspección General de Explotación Comercial. Dirección General de Ferrocarriles. MOP. 2 de julio de 1935. Archivo del Ministerio de Obras Públicas de la Nación. CEHF.

(17) Inspección General de Explotación Comercial… CEHF.

(18) Decreto 17.393/1944. B.O. 14.952.

(19) Suplemento a los Itinerarios de Servicio Nº 4 - 1 de Marzo de 1947 - Ferrocarril del Sud y Sección B.B.N.O.

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